CARLOS SANTAMARIA, ESCRITOR "En San Sebastián, en la Conversaciones Católicas Internacionales, a las cuales asistió durante algunos años, sus asistentes, teólogos, escritores, religiosos de fama, dirigentes, profesores, le llamaban, cariñosamente, con respeto: el hombre de la calle, la voz de la calle. Cuando hablaba, solía empezar así: Hasta ahora han hablado ustedes, los sabios. Ahora va a hablar el hombre de la calle.
Nuestros amigos conversadores me solían decir muchas veces que no era fácil encontrar en Europa líderes obreros de calidad tan excepcional. Ahora, al cabo de los años, lejano ya el recuerdo de aquellas Conversaciones, puedo decir que la figura de Rovirosa se agranda para mí". |
DON TOMÁS MALAGON, TEOLOGO De Rovirosa ha existido una leyenda, en nada acorde con la realidad, y de ella se sirvieron más de una vez ciertos críticos para desprestigiar su figura. Nos le presentaban como un obrero luchador en las filas de las organizaciones políticas de la extrema izquierda, misteriosamente llegado después, sin saber cómo, a la Comisión Nacional de la H.O.A.C....
Cuando después, en sus años de dirigente de la H.O.A.C., oía yo a ciertas Personas hablar despreciativamente de Rovirosa, diciendo que era un obrero autodidacta y sin seria formación, yo, que le conocía, no podía menos de comparar su formación con la de sus despectivos desconocidos, y, testigo como yo era de los profundos conocimientos técnicos y científicos de Rovirosa, investigador y realizador de notables hallazgos en el campo de la electricidad, estudioso de cuanto se publicaba de valor en materia religiosa y filosófico-social, que hablaba correctísimamente el francés y era capaz de entenderse perfectamente en italiano e inglés, que seguía con toda facilidad la Suma Teológica de Santo Tomás, y las oraciones de la Liturgia en latín, conocedor como pocos de las actuales tendencias del pensamiento católico, amigo personal a quien visitaban en su casa Guitton Congar, von Balthasar, Michoneau y Voillaume, traductor al español de las obras de algunos de éstos, colaborador de las más importantes revistas técnicas y religiosas de varios países, yo no podía menos de sentir lástima al recibir la, en comparación con la suya, menguada talla cultural de sus engreídos detractores...
El dirigió muchos cientos de cursillos y pronunció miles de conferencias. ¡Ese maravilloso propagandista que era Rovirosa! Recorrió muchas veces toda España, viajando siempre en tercera, alojándose y viviendo como pobre entre los pobres, viviendo lo que decía, encendiendo entusiasmo inextinguible en muchos, mientras que en algunas personas, que no le conocían, se iba amontonando el recelo contra aquel que creían un autodidacta demagógico y hasta quizás oculto servidor del comunismo.
¡Cómo se han engañado estos desgraciados, que estaban lejos de poder medir la grandeza del alma de Rovirosa! ...
Nunca olvidaremos los que le hemos conocido las grandes virtudes de que estaba adornado nuestro querido Rovirosa.
Aquella espiritualidad centrada en el misterio de la Trinidad, del que en sus últimos años no cesaba de hablar de modo tan impresionante.
Su entusiasmo por el Bautismo, que era uno de los temas principales de su meditación diaria.
Su providencialismo tan desconcertante para los demás, pero que a él le llenaba de aquella paz y alegría que todos sabemos que expandía en torno suyo. Era Rovirosa un hombre de fe. Yo recordaba muchas veces a su lado a aquel coloso de la fe que fue Abrahám... Rovirosa ha ofrecido a Dios sacrificios dolorosísimos, como el que Dios pidió al Patriarca de Ur.
La caridad de Rovirosa. ¿Quién no ha sido testigo de su amor a Cristo, que se manifestaba en su amor a los demás, dándose, y dándoles todo cuánto tenía: su vida, su profesión, su casa, su pan, su tiempo, hasta su cuerpo, en aquel pie que le fue amputado, en realidad, por el comportamiento lleno de caridad, que en momentos difíciles para él quiso observar. Su caridad fue tal, que, de un misántropo que era por carácter, resultaba un hombre lleno de afabilidad.
Ni podremos olvidar el ejemplo sublime de su pobreza a que antes hemos aludido.
En cuanto a su oración y vida interior, ¿quién no recuerda su cara transfigurada cuando ayudaba a la Santa Misa, cuando comulgaba, o cuando rezaba el Santo Rosario?
Muchos ejemplos nos ha dado Rovirosa.
Reciba ahora el premio que el Señor concede a sus elegidos....
Descansa en paz, noble luchador de Cristo.
Tu ejemplo admirable es para nosotros un sendero de luz. Nada podrá arrancarnos de tu camino, que es el de la Iglesia, en el que Juan XXIII y Pablo VI y el Concilio actual nos están, cada día más, asegurando...
(Tomado de la ORACION pronunciada por Don TOMAS MALAGÓN, el día 28 de febrero de 1964, en la capilla del Hospital Clínico de Madrid) |